
OTOÑO
Escucho la llovizna que llega con la brisa,
y como las hojas secas que desvisten a los árboles,
cae dadivosa y fina, inclinada sobre mi techo y mis paredes.
Cuando el verano ofrece su propuesta de adiós,
nos sorprende el otoño como un pellizco en el aire,
y antes que te des cuenta,
el follaje comienza a cambiar de color,
matizando con su gama los paisajes.
El viento sopla diáfano por la tierra,
y el sol ardiente desvanece el calor de sus dorados destellos
en las marchitas hojuelas anaranjadas,
invitándonos a correr tras de ellas y alcanzarlas.
Hasta mi perro, con sus inquietas patas de algodón
se revuelca perezoso en la espesura,
respira profundo... como queriendo retener para siempre
ese instante, y se queda dormido en la hojarasca.
Reaparece el otoño con su cielo azul grisáceo,
inspirador de apacibles nostalgias y tiernas reuniones;
su ropaje elegante advierte un vecino frío,
que se acentúa en la afluencia de transeúntes que vienen y van.
Las parejas caminan abrazadas bajo la añosa y milenaria luna
y desfilan los paraguas por las chapoteadas calles,
mientras la noche otoñal invita a soñar.
¡Ah... El otoño!
Amoroso hálito que roza noviero al invierno.
¡Majestuoso y sentimental! ¡Adorable!...
Deliciosa estación que nos induce su seductor firmamento,
presencia que extiende sus inmensas alas sobre el espacio.
Dinorah C Rivas

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